"Nadie es nunca demasiado grande para Soñar, y los Sueños nunca envejecen". (Lucy Maud Montgomery).Habíamos tomado la encimera como asiento, caía la tarde, nuestras tareas en la cocina ya habían acabado, era el momento perfecto para hablar de nuestras cosas. Saboreábamos un buen café (que yo había llevado de aquí), mientras el frescor del bosque entraba por la puerta del jardín para acariciarnos... Yolanda, y yo, habíamos crecido juntas llenando nuestra niñez, y adolescencia de muchas risas, confesiones, y de alguna que otra riña. Los años pasaron, y allí estábamos otra vez ,volviendo a reír con las mismas ganas,hablando con nuestras mismas palabras, "en nuestro mismo idioma"...como si el tiempo nos hubiera traído un manto del ayer para llevarnos a ese pasado donde nuestras largas conversaciones eran Sueños hermosos para nuestro futuro...las mismas risas del ayer.
"Aún tengo en mi mente el recuerdo de aquella carta donde me decía que se casaba, mi Amiga del alma, se quedaba a vivir en Alemania, mi confidente, y mi compañera de risas...Eran tiempos de escribir cartas, con lo cual la distancia física se unía a la distancia de la comunicación, y en la medida que podíamos nos manteníamos al día de nuestras andaduras. Nunca hubo una lejanía total, siempre estuvimos ahí, llegando incluso, a compartir los mismos modelos de neceser para nuestros bebés...Seguimos caminando en nuestras vidas, pero nunca en la indiferencia, sabiendo de nosotras, y siempre en una conexión que solo la verdadera amistad conoce... Pero la vida nos tenía guardadas experiencias duras de superar, con mucho dolor, y nos llegó justo en el momento que era para ser compartido entre nosotras, ¡el Universo se movió para que fuera solo nuestro!; Teníamos 40 años recién cumplidos, y aunque me había adelantado en esto de saber lo que era sufrir por un Ser querido, ella no tardó en llegar a mi lado para saber por si misma de donde venía yo...¡Todos se fueron demasiado pronto!...y Nosotras teníamos que seguir..."
Era un mes caluroso de Julio, cuando por fin, y después de tantos años de anhelarlo, llego a casa de mi amiga, ¡Cuánto habíamos deseado aquel momento!, yo sabía que había llegado un poco tarde, porque faltaba la presencia de quien me tenía que recibir, pero de alguna manera El sabía que yo estaba allí,en su casa... Los días de mi estancia en
Am Roten Buhl , se llenaron de risas, de recuerdos, de paseos tantas veces contados...
Este reencuentro tubo lugar en Alemania (Núremberg), donde vive Yolanda, y unas exquisitas fresas fueron el motivo de las risas aquella tarde de Julio en su cocina , ya que eran de “dudosa procedencia”; mucho bosque, paseos repentinos, campos de fresas a nuestro paso, donde el granjero dejaba pequeñas bandejas para recoger a 1€...Volvíamos a ser esas dos chiquillas que nos metíamos a coger peras, o lo que se terciara, en los cercados de nuestros vecinos, pero ahora en Nuremberg, en Am Roten Buhl ...:
MERMELADA DE FRESA
INGREDIENTES: 1Kg de fresas, ¾ kg de azúcar, el zumo de un limón.
MODO DE HACERLO: Lavamos bien las fresas, y quitamos las hojas verdes, las ponemos en una fuente de cristal con agua, solo hasta cubrirlas, las regamos con el zumo del limón, y las dejamos reposar 1 hora. Pasado este tiempo, escurrimos el agua, sin tirarla, por si nos hace falta. Trocemos las fresas en láminas, no muy gruesas. En un caldero, iremos poniendo una capa de fresas y otra de azúcar. Las cocinamos a fuego lento, y ya, cuando veamos que tiene la consistencia de mermelada (yo hago la prueba de dejar caer una gota en una servilleta de papel, si esta es redonda y no rueda, es que está en su punto). Si viéramos que se nos queda espesa, añadimos un poco del agua que habíamos reservado. Retiramos la mermelada, dejamos enfriar y listas para conservar.
Nota personal: "Existen vínculos de amistad que nunca podrán alejarse, ni romperse porque hay una unión de Amor que nace por, y para "Amigas con espíritus afines". (Juana Hdez)
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