“Debemos tener voluntad para deshacernos de la vida que hemos planeado, para tener la vida que nos espera”. ( Hacia el Alma Esencial).

Hoy ha llegado ese día, el día en el que tengo que partir. No es fácil, y el dolor me apalea el cuerpo, siento como si me rompiera en mil pedazos, pero sé que lo tengo que hacer, porque aún estoy a tiempo de seguir creyendo en mis Sueños, en la familia, de seguir disfrutando de pequeños detalles, de no caer en la rutina, y de empezar a mirar sin obstáculos, querer compartir mis días porque yo quiero, ¡solo porque si!, no sentirme inútil por regalar parte de mi trabajo a los que amo, y a los que viven en mi hogar. Levantarme con el silencio agradecido de los buenos días, y acostarme con el silencio agradecido de las buenas noches... Pero lo más importante es querer enseñarle a mis hijas a que crezcan seguras de sí misma, sabiendo que pase lo que pase en sus vidas, siempre tengan claro que, ante todo, son “Mujeres libres”, que siempre deben luchar por sus Sueños, aprendiendo a no desmoronarse en soledad ante los momentos más adversos.
Al divorciarnos solo lo hacemos de la otra persona, pero nunca nos separamos de nosotros mismos. Lo que somos nos acompañará toda nuestra vida, nos lo llevamos, pero aún así sentimos quebrarse parte de nosotros, porque se nos rompe el gran motivo de amor que nos llevó a formar una familia, por eso, el dolor de un divorcio es el dolor de una perdida, y los días que preceden son de verdadero luto...hay que dejarlo pasar, sin obstáculos, para no que no se acumule en nuestro interior, como si fuera el agua del río que sigue su cauce, evitando poner piedras que formen un embalse... Tras una ruptura seguimos siendo nosotros mismos, con algo más de bagaje en nuestra experiencia, y es precisamente eso lo que nunca debemos olvidar, para que nos pueda seguir ayudando en nuestro nuevo camino.
Lo que sigo haciendo en mi vida es parte de lo que me he llevado, y ahora es el momento de compartirlo, para eso hoy he pensado en esta receta:
PAN DE MOLDE
INGREDIENTES: 425g de harina de fuerza, 10g de levadura fresca, 1 huevo, 45ml de aceite de oliva, sabor suave, 180ml de leche, una cucharadita de azúcar(5ml) y dos de sal.
MODO DE HACERLO: En un bol pondremos la harina mezclada con la sal y el azúcar, la leche la calentamos solo un poquito para poder disolver la levadura, lo mezclamos con el aceite, incorporamos esto y el huevo a la harina. Amasamos hasta que podamos con una cuchara de madera. Seguimos amasando con las manos en una superficie limpia y enharinada, esta operación de amasado la haremos durante unos 15 minutos, metiendo, siempre, la masa hacia dentro. Pasado este tiempo hacemos una bola, volviendo a mete la base para dentro. En el bol que habíamos usado ponemos un poco de harina en el fondo, colocamos la bola de masa, otro poco más de harina en la superficie, tapamos con un paño húmedo y demos reposar en un lugar donde no le de mucha claridad, sin corrientes de aíre y con una temperatura más bien cálida, ya que esto ayudará a la fermentación. Dejamos reposar 1 hora y media, o 2 si hace falta, teniendo en cuenta que tiene que doblar su volumen. Pasado este tiempo, volvemos a amasar un poco para sacar el aíre. Damos forma de pan alargado. Lo colocamos en un molde (He usado el molde donde hago los queque alargados), untamos con poco de aceite el recipiente, ponemos la masa, y también la untamos con aceite. Tapamos con el paño húmedo, lo metemos en el horno y volvemos a dejar que fermente por segunda vez. Una vez haya doblado, o triplicado, su volumen, lo horneamos a unos 180º, esto según cada horno. Cuando al tocarlo suena hueco ya podremos sacarlo, dejándolo enfriar encima de una rejilla.
Nota Personal: “Alimentar nuestros Sueños, anhelos, o ilusiones, debe convertirse en algo más sencillo…quizás, solo debemos aprender a escucharnos”, (Juana Hdez).
Hoy ha llegado ese día, el día en el que tengo que partir. No es fácil, y el dolor me apalea el cuerpo, siento como si me rompiera en mil pedazos, pero sé que lo tengo que hacer, porque aún estoy a tiempo de seguir creyendo en mis Sueños, en la familia, de seguir disfrutando de pequeños detalles, de no caer en la rutina, y de empezar a mirar sin obstáculos, querer compartir mis días porque yo quiero, ¡solo porque si!, no sentirme inútil por regalar parte de mi trabajo a los que amo, y a los que viven en mi hogar. Levantarme con el silencio agradecido de los buenos días, y acostarme con el silencio agradecido de las buenas noches... Pero lo más importante es querer enseñarle a mis hijas a que crezcan seguras de sí misma, sabiendo que pase lo que pase en sus vidas, siempre tengan claro que, ante todo, son “Mujeres libres”, que siempre deben luchar por sus Sueños, aprendiendo a no desmoronarse en soledad ante los momentos más adversos.
Al divorciarnos solo lo hacemos de la otra persona, pero nunca nos separamos de nosotros mismos. Lo que somos nos acompañará toda nuestra vida, nos lo llevamos, pero aún así sentimos quebrarse parte de nosotros, porque se nos rompe el gran motivo de amor que nos llevó a formar una familia, por eso, el dolor de un divorcio es el dolor de una perdida, y los días que preceden son de verdadero luto...hay que dejarlo pasar, sin obstáculos, para no que no se acumule en nuestro interior, como si fuera el agua del río que sigue su cauce, evitando poner piedras que formen un embalse... Tras una ruptura seguimos siendo nosotros mismos, con algo más de bagaje en nuestra experiencia, y es precisamente eso lo que nunca debemos olvidar, para que nos pueda seguir ayudando en nuestro nuevo camino.
Lo que sigo haciendo en mi vida es parte de lo que me he llevado, y ahora es el momento de compartirlo, para eso hoy he pensado en esta receta:
PAN DE MOLDE
INGREDIENTES: 425g de harina de fuerza, 10g de levadura fresca, 1 huevo, 45ml de aceite de oliva, sabor suave, 180ml de leche, una cucharadita de azúcar(5ml) y dos de sal.
MODO DE HACERLO: En un bol pondremos la harina mezclada con la sal y el azúcar, la leche la calentamos solo un poquito para poder disolver la levadura, lo mezclamos con el aceite, incorporamos esto y el huevo a la harina. Amasamos hasta que podamos con una cuchara de madera. Seguimos amasando con las manos en una superficie limpia y enharinada, esta operación de amasado la haremos durante unos 15 minutos, metiendo, siempre, la masa hacia dentro. Pasado este tiempo hacemos una bola, volviendo a mete la base para dentro. En el bol que habíamos usado ponemos un poco de harina en el fondo, colocamos la bola de masa, otro poco más de harina en la superficie, tapamos con un paño húmedo y demos reposar en un lugar donde no le de mucha claridad, sin corrientes de aíre y con una temperatura más bien cálida, ya que esto ayudará a la fermentación. Dejamos reposar 1 hora y media, o 2 si hace falta, teniendo en cuenta que tiene que doblar su volumen. Pasado este tiempo, volvemos a amasar un poco para sacar el aíre. Damos forma de pan alargado. Lo colocamos en un molde (He usado el molde donde hago los queque alargados), untamos con poco de aceite el recipiente, ponemos la masa, y también la untamos con aceite. Tapamos con el paño húmedo, lo metemos en el horno y volvemos a dejar que fermente por segunda vez. Una vez haya doblado, o triplicado, su volumen, lo horneamos a unos 180º, esto según cada horno. Cuando al tocarlo suena hueco ya podremos sacarlo, dejándolo enfriar encima de una rejilla.
Nota Personal: “Alimentar nuestros Sueños, anhelos, o ilusiones, debe convertirse en algo más sencillo…quizás, solo debemos aprender a escucharnos”, (Juana Hdez).
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