“Ella se adornaba con cintas el cabello negro y seguía fiel a sus sueños”. (Así era Francesca, Los puentes de Madison).
Paquita no es tu verdadero nombre, y creo que tu siempre lo supiste, pero te educaron para que nunca dijeras nada, creciendo a la sombra del silencio . Naciste en una época española difícil para la mujer, por eso siempre has escondido tu identidad. Te enseñaron a ser una buena esposa, buena madre, y perfecta ama de casa, sabiendo estar a la sombra de los éxitos que cultivaban aquellos que dependían de tus cuidados, pensando convencida que eso era cosa de ellos, cuando la realidad de todo es que nunca habían tenido esos triunfos sin tu quehacer diario a su lado. Pero ahora, que ya has llegado al sitio exacto para poder contemplar los años pasados, sin tener temores, y con la capacidad de mirarte al espejo sin reparo, dejame llamarte por tu verdadero nombre: Francesca.
Cuando te vi por primera vez lo supe. Sabía que guardabas bellos sueños porque solo alguien así sabe como llevar y controlar los avatares de la vida. Tu forma coqueta de seguir arreglándote saca a la luz la verdadera belleza del esplendor de una mujer, capaz de no caer en lo vulgar, sabiendo buscar las palabras adecuadas, insistiendo en mantener la compostura por muy difícil que pueda ser el momento, no dejando que el timón incontrolado lleve tu barco a la deriva, teniendo la capacidad suficiente, a pesar de estar calada hasta los huesos, de aparentar que ni la más fuerte tormenta perturbara tu labor en tu hogar.
Si, tienes razón, el cansancio puede y es tan agotador por momentos que puede parecer que tus huesos y tu alma se rompen en pedazos, pero se que eres una de esas mujeres que, a pesar del tiempo, tiene mucho que decir y enseñar, por eso todo ese mal estar que te corre por el cuerpo y que quiere empeñarse en ganarte la batalla no va a poder contigo, solo tienes que oír tu interior, ese que te hizo ser tan valiente, y el que te ha llevado a ser la Señora Francesca.
Si, tienes razón, el cansancio puede y es tan agotador por momentos que puede parecer que tus huesos y tu alma se rompen en pedazos, pero se que eres una de esas mujeres que, a pesar del tiempo, tiene mucho que decir y enseñar, por eso todo ese mal estar que te corre por el cuerpo y que quiere empeñarse en ganarte la batalla no va a poder contigo, solo tienes que oír tu interior, ese que te hizo ser tan valiente, y el que te ha llevado a ser la Señora Francesca.
Hoy quiero rendir homenaje a una mujer muy especial elaborando una receta que es parte de ella: MERMELADA DE TOMATE:
INGREDIENTES: 1kg de tomates bien maduros, 750g de azúcar y el zumo de un limón.
MODO DE ELABORARLO; Lavar bien los tomates. Ponemos un caldero con agua al fuego y los escaldamos, cuando empieza a hervir el agua, los introducimos unos 30 segundos. Dejamos que se enfríen, los pelamos y quitamos las semillas. Troceamos los tomates en un caldero, añadimos el azúcar y el limón. Dejamos reposar unas cuantas horas (10 o 12 horas). Llevamos el caldero al fuego y ahí lo tendremos una hora más o menos removiendo de vez en cuando con una cuchara de madera. Estará listo cuando haya cogido una consistencia más ligera que un mermelada, pues luego espesará.
Nota personal: Francesca aprendió a hacer esta mermelada en La Toscana, solo que no lo recuerda, pero intuyo que ella vino de ahí...
Quise hacer el pan en casa para completar el momento.

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