“Aunque nada pueda devolvernos los días de esplendor en la hierba,
y de la gloría en las flores, no hay que afligirse. Porque la belleza siempre
subsiste en el recuerdo” ( “Esplendor en la hierba”).
“Queridos hijos; se que no pueden entender que yo, a mis 70 años, haya podido enamorarme, seguro que pensáis que es una mera fantasía de un viejo que “chochea, pues os equivocáis, porque nunca había estado tan cuerdo, ni jamás había sentido estas emociones caminar por mi cuerpo, pero si es bien cierto que las deseaba y anhelaba. Vuestra madre y yo nunca supimos de amor, la pasión, o la ternura, y a al no haber nada de eso en nuestra relación, fuimos incapaces de controlar que los sentimientos más destructivos entre una pareja pudieran hacerse dueños de nuestras vidas, logrando hacer que nuestra vida en común se alimentara de malos momentos. Pero lo peor no era eso, sino lo que vosotros tuvisteis que sufrir, aprendiendo a crecer en ausencias del amor... ¡Cuánto me duelen esos recuerdos!. Nunca fui un padre cariñoso, ni si quiera de palabra, pues mis gestos y mi forma de hablar fueron toscas y frías, muchas veces desagradables, ese pesar era un sufrimiento hiriente en mis momentos de soledad, por eso me refugiaba en el alcohol, logrando con esta actitud, sacar del interior de vuestra madre sus rencores... ¡Pobre mujer!, nada de lo que era fue culpa suya... Un mal hogar, un mal entorno, y yo con mis ausencias de cariño, fue el gran motivo para que creciera en ella ese carácter frío, y distante, por eso, ahora que no estoy yo, no la machaquéis con reproches, pues no tiene culpa de nada, solo ha tenido la mala suerte de no encontrar el verdadero puzzle de su vida donde pudiera encajar. Dejad que pueda recuperar algo de lo perdido siendo y viviendo como quiera. Es vuestra madre, sin ella jamás yo os hubiese tenido... No lo olvidéis.
Sobre mi decisión de irme de casa para poder compartir lo que me queda al lado de esta mujer, os diré que no voy a repetir lo que siempre se dice, eso de: “No ha sido fácil”...”Lo he pensado mucho”...”Costó decidirme”...Nada de esto diré, porque no fue así. Todo ha sucedido como si tuviera que ser por que si. Un día me la encuentro, otro hago que me la encuentro, la invito a café, hablamos, ¿os podéis imaginar a vuestro padre teniendo una conversación con una mujer?...pues si, yo hablaba como si toda mi vida hubiera sido mudo. La necesidad de compartir momentos con ella era cada vez mayor, y llegó el día de una caricia, de un beso...No tenía ni idea de que estas lindas emociones pudieran hacerme sentir vivo por primera vez. ¿Se acuerdan cuando un día, mientras comíamos, todos ustedes empezaron a comentar cuánto había cambiado mi forma de ser?...Les fue fácil encontrar la respuesta, pues por unanimidad, acordaron que era debido a la edad...¡No era la edad, era el amor lo que me había transformado!, pero cómo explicar que a mis 70 años ese era el verdadero motivo.
Hoy me voy, he de recuperar el tiempo, todo lo que dejo atrás no me sirve. No quiero reproches, no sirven para nada, no quiero preguntas, pues ya os dejo las respuestas, solo os pido reflexión, pues es lo único que les ayudará a entender, y recordad siempre que les quiero con toda mi alma, y aunque os parezca burla, sois vosotros el principal motivo de todo lo que hago, pues no quiero que viváis en un mal recuerdo de mis malos ejemplos, y recordad; “El verdadero amor es aquel que te hacer ser mejor persona”. Este el el legado más preciado que os quiero dejar, y ahora más que nunca se cuanto amo a mis hijos.
“Un padre que quiere acariciar la vida”
“Al principio las naranjas sólo florecían en los jardines perfumados
de los palacios potentados de Extremo Oriente y las emperatrices chinas,
los príncipes árabes y los marajá de la India reservaban esta rara y
preciada fruta para las ocasiones especiales como las ofrendas del amor.
La Historia de la naranja es la base del gran romance”
INGREDIENTES: 4 limones, 1 naranja, 35g de jengibre, 750g de azúcar, 1l. Y 250ml de agua.
MODO DE HACERLO: Lavar la fruta y cortar la piel en tiras muy finitas procurando quitar lo más que podáis de lo blanco que se queda en la cascara. Exprimir el zumo, cortamos el jengibre muy pequeñito y lo ponemos en el agua, junto con las pieles cortadas, por otro lado, cogemos un paño limpio, colocamos aquí la pulpa que ha sobrado y lo atamos, lo ponemos con los ingredientes anteriores en el agua, cuando veamos que ha empezado a hervir, lo dejamos cocinas a fuego lento durante 2 horas, pasado este tiempo, lo retiramos, dejamos enfriar un poco, lo suficiente para coger el paño atado y poder exprimirlo bien, una vez hecho esto lo desechamos. Añadimos el azúcar, lo cocinamos todo a fuego lento, removiendo de vez en cuando hasta que el azúcar se haya disuelto. Subimos la temperatura y dejamos hervir hasta que se evapore el líquido. Dejara reposar para que la fruta se macere.
¿Cómo saber que la mermelada está lista?, pues mi truquillo es el siguiente; pongo una gota en una servilleta de papel, si cae redonda y no se expande, ya está lista.
Nota personal: Estoy convencida que lo que el se llevó es exactamente lo que yo he contado. Desde la distancia y sin vivirlo de una manera personal, pude captar la verdadera historia...¿Por qué rebuscar cuando ya todo ha pasado?
PD: Que rico huele mi casa cuando hago la mermelada...
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